En marzo de 2024 el Índice de Confianza del Consumidor publicado por Inegi y Banxico volvió a rozar niveles no vistos desde antes de la pandemia, y la cobertura mediática se apuró en llamarlo recuperación. En nuestro trabajo de archivo regulatorio observamos algo distinto. El índice general subió. Los cinco subíndices que lo componen no se movieron en bloque. Dos de ellos —expectativas sobre la situación económica del hogar dentro de doce meses y posibilidades actuales de comprar bienes durables— arrastraron el promedio hacia arriba, mientras el subíndice ligado a la percepción de empleo futuro se quedó rezagado. Ese desfase es el artículo.
Enero de 2003: cuando Inegi y Banxico decidieron medir el humor del consumidor
El convenio institucional que dio origen al ICC en su forma actual arrancó en 2003, cuando Banxico transfirió a Inegi la responsabilidad operativa de una encuesta que ya venía levantándose desde 2001 bajo el paraguas exclusivo del banco central. La lógica era técnica. Inegi tenía la infraestructura de campo. Banxico tenía el modelo analítico. La partitura quedó dividida.
Desde entonces el ICC se compone de cinco preguntas. La situación económica del hogar hoy comparada con doce meses atrás. La situación económica del hogar esperada dentro de doce meses. La situación económica del país hoy. La situación económica del país dentro de doce meses. Y las posibilidades actuales del hogar para comprar bienes durables. Esa quinta pregunta es la que más lectores pasan por alto y la que más peso tiene cuando el índice general sube sin que suba el empleo.
La base metodológica fija el nivel 100 en enero de 2003 —el mes cero, el punto de comparación que el archivo nunca abandona—. Un ICC de 47 significa que la gente reporta la mitad del optimismo que tenía cuando arrancó la serie. Un ICC de 48 no significa "un poco peor que 47": significa que un país entero, con veinte años más de PIB acumulado, todavía se siente peor que en 2003.
Un paréntesis: (1) la muestra ronda los 2,336 hogares en 32 ciudades, (2) el levantamiento es mensual, (3) los subíndices se reportan en la misma escala base 100. Continuamos.
Comparativamente, DANE en Colombia no publica su propio ICC —eso lo hace Fedesarrollo desde 1999 con una metodología distinta que combina cinco preguntas también, pero con un balance de respuestas positivas menos las negativas—. Adimark en Chile hizo lo mismo durante años con el IPEC antes de que la serie cambiara de manos. Comparar los índices sin traducir la metodología es donde la mayoría de las notas de prensa mienten sin querer.
Abril de 2020: el piso histórico del ICC y lo que reveló sobre el subíndice de empleo
En abril de 2020 el ICC mexicano registró su lectura más baja de la serie histórica. El desplome fue tan abrupto que la mayoría de gráficos comparativos que circulan hoy en presentaciones corporativas omiten ese mes por razones estéticas —arruina la escala vertical—. Nosotros lo ponemos al centro.
Lo interesante no es el nivel absoluto del piso. Es la asimetría entre subíndices. Las respuestas sobre la situación económica actual del hogar cayeron. Las respuestas sobre la situación del país en doce meses cayeron más fuerte. Pero la pregunta sobre posibilidades de comprar bienes durables se hundió más profundo que cualquiera —lógico, con las tiendas cerradas y los ingresos congelados— y arrastró consigo la expectativa de empleo futuro. Ese binomio, empleo y consumo durable, quedó marcado.
Mientras el ICC mexicano tocaba fondo, la SFC colombiana emitió en abril de 2020 la Circular Externa 022 flexibilizando reglas de reestructuración de crédito para hogares y pymes. La SBS peruana activó reprogramaciones a través de los oficios múltiples que salieron en el mismo trimestre. La CMF chilena publicó normativa temporal sobre provisiones bancarias que buscaba amortiguar el impacto en balances. Banxico bajó la tasa objetivo en cinco decisiones consecutivas hasta cerrar 2020 en 4.25%.
Todo eso sucedió al mismo tiempo. Pero solo México publica un índice mensual que descompone la confianza del consumidor en cinco preguntas leíbles por separado. Colombia lo hace vía Fedesarrollo con retraso. Chile cambió metodología y proveedor a mitad de década. Perú tiene la encuesta de Apoyo pero no en la misma cadencia. Cuando queremos leer el humor del consumidor latinoamericano con precisión temporal, México es el laboratorio que nos queda.
Nota de archivo: la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor de abril de 2020 se levantó de manera excepcional por teléfono. El anexo metodológico de Inegi lo consigna. Eso significa que la muestra no fue estrictamente comparable con las anteriores. Ese detalle tampoco aparece en la cobertura mediática.
Marzo de 2022: la divergencia entre confianza general y expectativas de ahorro se instala
Para marzo de 2022 el ICC había recuperado terreno. El índice general estaba de vuelta en territorio pre-pandémico. Y aquí es donde el gráfico deja de contar la historia real.
Cuando desagregamos por subíndice, la recuperación no fue simétrica. El subíndice de posibilidades de compra de bienes durables se recuperó más rápido —ayudado por remesas récord, un mercado laboral formal que retomó volumen y la mecánica del gasto pospuesto—. El subíndice de expectativas sobre la situación económica del país a doce meses también repuntó, aunque con volatilidad mes a mes. El subíndice que quedó atrás fue el asociado a la percepción sobre el empleo futuro, que en la práctica se lee combinando dos señales: cuántos hogares esperan que un miembro consiga o pierda trabajo en los próximos doce meses.
Eso instala una divergencia que sigue vigente. El mexicano medio en 2022 empezó a decir simultáneamente dos cosas contradictorias: sí puedo comprar un refrigerador ahora, no confío en tener empleo estable el año que viene. No es esquizofrenia estadística. Es la evidencia de que la recuperación pospandémica fue de consumo antes que de estabilidad laboral.
En Colombia, la encuesta de Fedesarrollo mostró un patrón similar en el segundo trimestre de 2022, con la brecha entre el índice de condiciones económicas y el índice de expectativas ensanchándose. En Chile, el IPEC vigente en ese momento marcaba pesimismo sostenido en la componente laboral incluso cuando la componente de compras mostraba mejora. Perú, medido por Apoyo y por INEI a través de otros indicadores complementarios, replicaba la asimetría.
Un paréntesis regulatorio: (1) el subíndice de empleo del ICC no mide desempleo, mide percepción de riesgo de desempleo, (2) percepción y realidad estadística correlacionan pero no coinciden, (3) el INEGI publica por separado la Tasa de Desocupación Nacional que en 2022 rondaba niveles bajos históricos. Entonces la lectura correcta no es "hay más desempleo" sino "el consumidor teme más al desempleo aunque los datos duros digan otra cosa". Continuamos.
Agosto de 2024: el ciclo de recortes de Banxico y la lectura cruzada con SFC, CMF y SBS
En agosto de 2024 Banxico entró en un ciclo de recortes de la tasa objetivo que se prolongó a lo largo del segundo semestre. La lectura convencional dice que tasas más bajas empujan confianza al alza porque abaratan el crédito al consumo. En los datos del ICC eso se ve, pero de forma desigual.
Los subíndices que responden más rápido a la política monetaria son los de compra de bienes durables y expectativas sobre la economía del país. Los que responden más lento son los ligados al empleo. Hay un rezago estructural. La política monetaria mueve primero las expectativas de gasto; el mercado laboral —o mejor dicho, la percepción del riesgo laboral— reacciona con retraso, si es que reacciona.
En paralelo, la SFC colombiana estaba en su propia disciplina monetaria coordinada con el Banco de la República. La CMF chilena publicaba su Informe de Estabilidad Financiera del primer semestre 2024 marcando preocupación por deuda de hogares. La SBS peruana continuaba refinando su marco de regulación macroprudencial ajustado a la baja en el ciclo del BCRP. El patrón regional: bancos centrales bajando tasas, superintendencias vigilando morosidad de hogares, encuestas de confianza subiendo por el lado del consumo y quedándose en el lado del empleo.
Ese ciclo de recortes no cerró la brecha entre subíndices en el ICC mexicano. La cerró parcialmente. Es distinto. Cuando el índice general publicado sube 2.4 puntos y el subíndice de empleo futuro sube 0.7, el promedio miente al observador desatento. La composición manda.
Fragmento de campo: la sala de prensa donde Inegi presenta el ICC mensualmente entrega los cinco subíndices en la misma tabla. El comunicado los menciona. Los medios reproducen el titular con el índice general y omiten la tabla. Ese es el filtro que este artículo intenta desmontar.
Lo Que Todo Esto Significa: por qué el promedio miente sobre el mexicano de a pie
Lo que la serie histórica del ICC nos enseña, leída con el rigor que Banxico e Inegi construyen y que la cobertura pública desecha, es que el consumidor mexicano en 2024 mejoró su confianza en agregado y siguió teniendo miedo en particular. El agregado sube. El particular se queda. Esa es la fotografía.
Un economista que trabaja únicamente con el índice general va a modelar mal el consumo. Un analista de crédito que se guía por el índice general va a subestimar la sensibilidad de la mora al empleo. Un funcionario público que celebra el ICC agregado va a interpretar recuperación donde hay recomposición. Cada uno de estos errores tiene un costo cuantificable y ninguno aparece en el titular.
La lectura cruzada con Colombia, Chile y Perú confirma que la brecha entre consumo y empleo no es un fenómeno mexicano aislado. Es una firma regional del ciclo pospandémico. En cada uno de esos países hay un regulador —SFC, CMF, SBS— que vigila la mora de crédito de consumo y una autoridad estadística que publica el humor del consumidor. Los dos indicadores no siempre se cruzan en el mismo tablero. Los analistas que sí los cruzan encuentran lo que este artículo describe: recuperación de consumo, persistencia del temor al desempleo.
En términos prácticos, para un asalariado mexicano promedio, el ICC diciendo que la confianza sube no debería leerse como permiso para relajar la vigilancia sobre su propio empleo. El indicador está subiendo porque otros hogares están comprando electrodomésticos, no porque el mercado laboral se haya vuelto más estable.
Notas de campo: (1) el anexo metodológico de la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor de Inegi está publicado en formato PDF y cambió por lo menos tres veces desde 2003, (2) el archivo de Fedesarrollo en Colombia solo es accesible por suscripción para los datos históricos completos, (3) el archivo del extinto IPEC chileno tiene tramos digitalizados y tramos no digitalizados en la transición entre proveedores, (4) la SBS peruana publica sus estadísticas de crédito de consumo con dos meses de rezago, lo que hace imposible cruzar en tiempo real con la confianza del consumidor. Este es el entorno informativo desde el que operamos.
Preguntas frecuentes
¿Qué mide exactamente el ICC de Inegi y Banxico y en qué se diferencia de la Tasa de Desocupación?
El ICC mide percepción, no realidad estadística dura. Se construye a partir de cinco preguntas subjetivas hechas mensualmente a hogares urbanos. La Tasa de Desocupación Nacional mide el porcentaje real de personas económicamente activas sin empleo. Un ICC bajo con desempleo bajo indica que la gente teme al desempleo aunque los datos duros no lo confirmen. Son dos series complementarias que responden a fuerzas distintas y suelen divergir en fases de transición del ciclo.
¿Por qué el índice general del ICC puede subir mientras el subíndice de empleo baja?
Porque el índice general es un promedio simple de los cinco subíndices. Si tres suben y dos bajan, el resultado agregado se mueve al alza aunque haya componentes deteriorándose. Esa es la razón por la que Inegi publica siempre la tabla desagregada en su comunicado mensual. Leer únicamente el titular es una mala práctica analítica. La composición del movimiento importa más que el nivel del movimiento en la mayoría de los usos serios del indicador.
¿Los indicadores de confianza del consumidor de Colombia, Chile y Perú son comparables al ICC mexicano?
No de forma directa. La encuesta de Fedesarrollo en Colombia usa un balance de respuestas positivas menos negativas. El IPEC chileno cambió de metodología y proveedor en la última década. Los indicadores peruanos combinan levantamientos de INEI con encuestas privadas como Apoyo. Comparar niveles absolutos entre países induce a error. Comparar tendencias direccionales y descomposiciones por componente sí funciona, siempre y cuando se documenten las diferencias metodológicas antes de graficar.
¿Qué papel jugaron los reguladores financieros latinoamericanos durante el piso del ICC en abril de 2020?
La SFC colombiana emitió circulares que flexibilizaron reglas de reestructuración de crédito. La SBS peruana activó reprogramaciones de deudas de hogares. La CMF chilena ajustó normativa temporal sobre provisiones bancarias. Banxico bajó la tasa objetivo en decisiones consecutivas durante 2020 hasta cerrar en 4.25%. Ninguno de estos actos hizo que el ICC subiera de inmediato, pero contribuyeron a que la recuperación de los subíndices de compra durable arrancara antes que la de empleo en 2021 y 2022.
¿El ciclo de recortes de Banxico iniciado en 2024 puede cerrar la brecha entre subíndices?
Parcialmente. La política monetaria acciona más rápido los canales de gasto que los canales de percepción laboral. Los recortes de tasa abaratan crédito al consumo y empujan al alza el subíndice de bienes durables. El subíndice de empleo responde con rezago y depende más de la dinámica del mercado laboral formal que de la tasa de referencia. Esperar que el ICC cierre su asimetría por vía monetaria únicamente es una interpretación optimista que la evidencia histórica de la serie no respalda.
¿Cómo debería un analista de crédito interpretar un ICC agregado subiendo con subíndice de empleo estancado?
Como una señal de que la sensibilidad de la cartera de consumo al riesgo laboral se mantiene alta pese al mejor tono agregado. En este escenario, los modelos de scoring que ponderan expectativa de ingreso deberían dar más peso a la variable laboral que a la variable de intención de gasto. Cruzar el ICC desagregado con las estadísticas mensuales de morosidad de crédito de consumo publicadas por CNBV en México, o los equivalentes de SFC en Colombia y SBS en Perú, entrega una fotografía más honesta que cualquiera de las dos series por separado.
¿Dónde se puede acceder al histórico completo del ICC y sus subíndices?
En el sitio de Inegi bajo el tabulado interactivo de la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor y en el Sistema de Información Económica de Banxico. Ambos organismos publican los cinco subíndices en la misma frecuencia mensual, con base enero 2003 igual a 100. La descarga en formato CSV está disponible sin costo. El anexo metodológico consigna los cambios operativos hechos a la encuesta a lo largo de los años, incluyendo el levantamiento excepcional por teléfono durante el trimestre de la pandemia.